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La actividad física mejora la oxigenación y nutrición tisular, manteniendo en equilibrio el metabolismo celular y la integridad de los sistemas del organismo.
Tiene efecto relajante por liberación de β endorfinas, disminuye el nivel de stress, y causa alivio en la tensión muscular producida por la rutina diaria.
El ejercicio acelera el metabolismo, porque produce un aumento en la demanda de oxigeno y nutrientes para satisfacer la exigencia de los tejidos afectados en la actividad física planeada. Contribuye en los programas para pérdida de peso, cuanto mayor y prolongado es el ejercicio físico, mayor será la pérdida de calorías con el esfuerzo realizado, independientemente del tipo de actividad física realizada.
Según el cuadro clínico y bioquímico del paciente (diabetes, osteoporosis, tensión premenstrual, obesidad, etc) se prescribe diferente actividad física, especificando el tipo de ejercicios (aeróbicos o anaeróbicos) con o sin resistencia, la intensidad (baja, moderada o alta), duración (corta o prolongada), frecuencia de los mismos, etc. Se indica también cuando realizarlos, no se aconseja en ayunas, la actividad física disminuye el nivel de azúcar en sangre, y reduce el apetito.
El efecto protector del ejercicio está basado en la cantidad de energía consumida al realizarlo, expresado por el consumo de oxígeno de la masa corporal en la unidad de tiempo (Met).
En la práctica orthomolecular, se orienta, prescribe y recomienda la actividad física más adecuada para cada paciente.